Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia.
Romanos 1:18

Dios tiene razones para enojarse. Siempre puede esperarse que se
oponga a quienes se levantan contra Él y su pueblo, como hizo con el
faraón de Egipto, que esclavizó a los israelitas y los persiguió hasta el Mar
Rojo (Éxodo 15:6). Muestra su enojo contra los que ocasionan dolor y
sufrimiento a los indefensos y desprotegidos (Éxodo 22:21-24). Al final, su ira arderá contra aquellos que sean obstinados y no se arrepientan ante su evangelio de gracia (Romanos 2:5-8).
Esto nos enseña que el amor debería enojarse con las cosas que enardecen el corazón de Dios, incluso en nuestros cónyuges. Deberíamos sentirnos desconsolados cuando atacan el honor de Dios y maltratan a su pueblo. Es verdad que la Escritura advierte sobre el enojo sin causa, pero a veces, nuestro enojo sí tiene una razón. Y mientras el amor nos conduzca a ser moderados en nuestras reacciones, está bien usar el enojo cuando hay cuestiones importantes en juego. El enojo justo habla la verdad en amor y tiene como objetivo restaurar en lugar de destruir.

ORACIÓN
«Padre, dame discernimiento y sabiduría para expresar un enojo justo y adecuado cuando deba hacerlo. Úsalo para traer restauración en lugar de más agravios. En el nombre de Jesús, amén».