El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama.
Juan 14:21

Amar a Dios es una aventura incondicional y para toda la vida. No es un trabajo a media jornada o una cuestión dominical, sino una devoción completa para buscar y atesorar a Dios. Cada pensamiento, valoración y
acción puede transformarse en otra manera de decirle a Dios «te amo». Y
amarlo es la razón perfecta detrás de nuestras acciones. Comienza al
confesar nuestra fe en su Hijo Jesús (1 Juan 4:15; 5:1), y luego se aviva
por una obediencia constante a Él… en todo (Juan 14:21). Sin embargo,  nuestro amor hace que seguirlo sea un placer relacional en lugar de una
tarea religiosa (1 Juan 5:13). Y a medida que abandonamos el pecado cada día y hacemos lo que Él dice, la paz y el gozo que obtenemos hacen que lo amemos aun más.
La Palabra de Dios señala que también lo amamos en la manera en que
tratamos, servimos y amamos a los demás (1 Juan 3:17; 4:11-21). Así que,
cada conversación e interacción en tu matrimonio es una nueva oportunidad para bendecir a tu cónyuge y demostrarle también tu amor a Dios. En última instancia, la manera de amar y respetar a tu cónyuge cada día revela la sinceridad de tu amor y tu respeto a Dios.

EL DESAFÍO DE ESTA SEMANA
Esta semana, comprométete a priorizar unos minutos con Dios todos los días. Incluye oración y lectura de la Palabra.