Que hermoso testimonio de ésta hermosa pareja y cómo Dios cambio su historia.

Conocí a mi esposo Jim el día de san Valentín. ¡Y nos casamos en junio!
¿Habrá algo más cercano al lema de “fueron felices para siempre”? Sin embargo, empezamos nuestro matrimonio sin Dios. Discutíamos. Nos entregábamos a causas diversas, amigos, entretenimiento, toda clase de distracciones. Y tuvimos dos hijas, pero eso no llenó nuestro vacío. Pasaron ocho años antes de convertirnos en una familia cuya cabeza es Jesucristo. Fue entonces cuando empecé a cultivar el hábito que me hizo feliz para siempre: leer la Biblia diariamente. Marcaba cada pasaje que me hablaba a mí como mujer. 

Y Dios obró en mí una transformación de la que aún me asombro.
¡Mateo 20:28 es el secreto! Jesús dijo: “el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir”. El gozo eterno empieza cuando amas y sirves al Señor y a tu familia.