Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios.
Lucas 13:12-13
Las mujeres a menudo necesitamos ajustar nuestra visión o entendimiento para poder ver y entender más allá de nuestras circunstancias,
ver y entender el llamado de Dios sobre nuestras vidas.
Es importante que toda mujer entienda claramente el plan y propósito de Dios para su vida.
El primer factor poderoso que observamos en la historia de la mujer encorvada es que Dios ministró a su necesidad en el momento preciso; Jesús la sanó.
El Señor nos alcanza tal y como estamos 
en nuestros momentos de necesidad. Dios no espera que nos purifiquemos primero para ser dignas de Su amor y para que obre en nosotras.
Tampoco espera que seamos perfectas para que entonces Él nos pueda ministrar.
Sin duda alguna, no somos merecedoras de Su toque divino. Es Su fidelidad la gracia inmerecida de Diosla que nos alcanza y nos redime.
No hay nada que podamos hacer para merecerla, sólo Dios nos la puede ofrecer.
Nadie puede llegar a Él por sí mismo/a, aunque muchos lo intentaron a través de la ley.
Cristo llega justo en el momento que lo necesitamos y nos coloca en el lugar correcto para recibir nuestra sanidad de la misma manera que lo hizo con la mujer en este pasaje.